Inmaculada Concepción de María (12/2025)



En este 8 de diciembre, en la que todos honramos a la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, deseo escribir una líneas como un acto de desagravio.

Ya conocíamos el árbol y no podíamos esperar otro fruto. Desde sus "besos sanadores" hasta la "bendición de homosexuales unidos en pareja" (tan retorcido, que "debemos" decirlo al revés), el prefecto del ex Santo Oficio, Tucho Fernández, ahora ataca los títulos de Corredentora y Mediadora de la Virgen María (ver documento Mater Populi Fidelis). Dios quiera que sepa reflexionar y escuchar las sabias y expertas argumentaciones que le están lloviendo desde todos lados.

Quiero ser simple, no soy quien para la exégesis o la teología y no quiero ser irrespetuoso ni cometer errores, sólo quiero pedir perdón por las ofensas a la "Virgencita" que nos cuida. Hay cientos de trabajos bien documentados que contradicen a nuestro compatriota Tucho.

El nos recomienda no usar los títulos arriba mencionados ya que pueden dar a confusión, entiendo que él pueda estar confundido, más aún, no me extraña.

Nosotros, desde nuestra ignorancia y brevedad tenemos claro que:

  • Desde antes de existir, Dios ya había decidido nacer de una mujer sin mancha. Sin pecado original. De forma tal que, ni por una milésima de segundo, desde el instante mismo de la fecundación, el cuerpo que llevaría a Dios por nueve meses tuviera mancha alguna.

  • Toda su vida terrena fue libre de mancha. Llena de Gracia. La perfección hecha mujer.

  • Con total libertad y con magnifica humildad, ya que sin entender mucho, amó a Dios, confió en el Ángel y aceptó la Voluntad Divina. Y el Verbo se hizo carne en su cuerpo virginal.

  • Y esa carne inmaculada y santa es la compartirá con el Redentor.

  • Con la misma humildad de siempre aceptó las ofensas de ser rechazada y no tener donde parir dignamente, y sin rencor alguno, se acomodó en una incómoda gruta que compartió con animales. ¡Dios venía a salvarnos y no tenía un lugar dónde nacer!

  • Finalmente, parió sin dolor, en un destello de luz de pura energía. Su virginidad debía permanecer intacta por siempre.

  • Desde su nacimiento, sus enemigos buscaron al Niño para matarlo. La Madre tuvo que exiliarse para protegerlo de Herodes. Sin rencores, huyó a Egipto con Dios en sus brazos.

  • Amamantó y crió a Dios hasta que fue hombre, y entonces fue Ella quien le ordenó el primer milagro, en las Bodas de Caná. Los deseos de la Madre, marcaron el inicio de la Redención de Nuestro Señor Jesucristo.

  • Compartió todo con su Hijo, hasta lo acompañó en su pasión, e incluso bajo la cruz, en su último suspiro. Hasta que "una espada le atravesó el corazón".

  • Y fue entonces, que minutos antes de expirar, el Hijo la nombra Madre de todos, e implicitamente, nos dice que cuidemos de Ella, que Ella cuidará de nosotros.

  • Los hispanoamericanos tuvimos el privilegio de uno de sus milagros aún en vida. La bilocación de Nuestra Señora del Pilar pidiendo a Santiago por la evangelización de España, y por consecuencia, de la nuestra.

  • Al final de su vida, no sabemos, y poco importa, si muerta y resucitada o simplemente dormida, fue asunta en cuerpo y alma. Su cuerpo no podía sufrir corrupción alguna y glorificarse como el del Hijo. Ella debía ser la primera, y aún hoy la única, en compartir la Gloria de su Hijo.

  • Durante 2000 años, en muchas oportunidades se ha presentado. Siempre con amor maternal, a pedido consagrar su Sagrado Corazón y rezar el Santo Rosario, y ha otorgado millones de gracias. Muchos hemos recibido por su intermediación mucho más de lo que hubiéramos merecido.

  • En Fátima, nos pidió la devoción a su Corazón Inmaculado, la comunión de los cinco primeros sábados de mes y el rezo del Rosario, y nos prometió, que purgatorio mediante, seguro iríamos al Cielo.

  • Reina del cielo, temida por Satanás desde siempre, al final de los tiempos llegará acompañando a su Hijo, para pisar la cabeza de la serpiente.

Una vez más, los devotos sabemos claramente que Nuestro Señor Jesucristo nos redimió con su Pasión, entregando su cuerpo y derramando su sangre, y lo revivimos en cada misa.

Pero también sabemos que tenemos una Santísima Madre que nos ama y nos cuida, que intercede por nosotros y obtiene gracias. Nosotros le seguiremos rezando, mañana más que ayer, porque no dudamos que la necesitaremos siempre, incluso en nuestro juicio final.

¿Y esto no es corredención? ¿Y esto no es mediación?



Oración a la Virgen María


Virgen Santísima Inmaculada y Madre mía María, a Vos, que sois la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, acudo en este día yo, que soy el más miserable de todos. Os venero, ¡oh gran Reina!, y os doy las gracias por todos los favores que hasta ahora me habéis hecho, especialmente por haberme librado del infierno, que tantas veces he merecido. Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para que también seáis amada de los demás. Pongo en vuestras manos toda mi esperanza, toda mi salvación; admitidme por siervo vuestro, y acogedme bajo vuestro manto, Vos, ¡oh Madre de misericordia! Y ya que sois tan poderosa ante Dios, libradme de todas las tentaciones o bien alcanzadme fuerzas para vencerlas hasta la muerte. Os pido un verdadero amor a Jesucristo. Espero de vos tener una buena muerte; Madre mía, por el amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, pero más en el último instante de mi vida. No me dejéis hasta que me veáis salvo en el cielo para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad. Así lo espero. Amén.

San Alfonso María Ligorio




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