argüía San Agustín en el siglo IV
En
el Domingo de Resurrección la Iglesia lee sencillamente siete
versículos del último capítulo de Marcos que narra la ida de las
Santas Mujeres con sus bálsamos ya inútiles al Santo Sepulcro, que
encontraron vacío; y la aparición de un jovencito (de un “ángel”,
dice Mateo; de “dos hombres en vestes lúcidas”, dice Lucas) que
les anuncian la Resurrección y les dan orden de avisar a Pedro y los
Discípulos; cosa que ellas no hicieron de miedo. Cuando les pasó el
miedo, por la aparición de Cristo mismo, avisaron y no las creyeron.
Las mujeres eran: María Magdalena, Juana, la otra
María, madre de Santiago el Menor,
Salomé, madre de Juan “y otras”.
Quienes primero vieron a Cristo fueron mujeres, en este orden: primero, su Santísima Madre; después, la Magdalena; después, el resto del grupito que llama el Evangelio “synelee-lythyiai ek tes Galilaias” (“las que lo escoltaban desde Galilea”), una especie de rama femenina de la Acción Católica de aquellos tiempos. Y nadie las creyó: “según dicen las mujeres”, le dijeron los dos discípulos de Emmaús al Misterioso Peregrino, y en ese momento él se les enojó, y les dijo: “¡Oh cabezas duras!”.
P. L.Castellani

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