
Comparto un artículo del Profesor Fernando Romero Moreno publicado hace ya algún tiempo.
Se requiere gran erudición para resumir en pocos párrafos con mucho tino diferentes líneas pensamientos. Encomiable trabajo. Es su interpretación personal, con la que se puede coincidir o no , total o parcialmente, pero sin lugar a dudas, ayuda a pensar.
¡Qué Dios nos ayude a “pensar la patria”!
-- oOo --
A
PROPÓSITO DE NOCIONES COMO
DERECHA, TRADICIONALISMO, NACIONALISMO Y
CONSERVADURISMO
La
siguiente es una interpretación personal pero que tal vez les pueda
servir. Está inspirada en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y
en la filosofía política clásica (Aristóteles, Cicerón, San
Agustín, Santo Tomás, Escolástica Hispánica).
Hay una diferencia
entre ideologías,
doctrinas y mentalidades políticas.
Las ideologías no se fundamentan en la realidad sino en categorías
de razón abstractas que absolutizan bienes relativos mientras que
las doctrinas son principios universales fundados en la realidad,
mediados por las ciencias sociales (de suyo contingentes, opinables y
con distintas concepciones, aunque subordinadas a la filosofía y a
la teología), y aplicados a las variadas circunstancias de tiempo y
lugar.
Las
ideologías son algo propio de la Modernidad, funcionan como
religiones seculares y se prestan más a servir meros intereses de
poder, a diferencia de las doctrinas, apoyadas en una metafísica
realista y en la DSI, orientadas al bien común político.
Las
mentalidades, por fin, son modos más genéricos de ver la realidad, en
las cuales influyen no sólo las potencias cognoscitivas sino también
la personalidad, la experiencia, la cultura, etc., condicionando las
variadas maneras de entender, por ej. la relación entre Fe y vida
pública.
Hay
tres grandes ideologías modernas: el liberalismo, que absolutiza la
libertad; el socialismo que hace lo mismo con la igualdad; y el
nacionalismo, que sobrevalora la nación-estado.
Dentro
de las tres ideologías hay distintas tendencias y grados así como
combinaciones. Doctrinas políticas stricto sensu, contrarias a las
ideologías modernas, sólo hay una y es el tradicionalismo católico.
Pero, fruto de la lucha contra la Modernidad, no está exento también
de convertirse en una ideología más. Pese
a la advertencia de De Maistre (“la Contrarrevolución no es una
Revolución contraria sino lo contrario de la Revolución”) y fruto
de un “agere contra” desordenadado, muchos tradicionalistas
terminan siendo meros “antimodernos”, “antiliberales”,
“anticomunistas”, no pocas veces con celo amargo y si bien con un
sincero sentido sobrenatural, sin el necesario apoyo en el sentido
común y en el sentido del humor (Chesterton es, en esto, una
saludable excepción a la regla, cuya lectura es muy recomendable,
incluso psicológicamente). Y
esto sin confundir el tradicionalismo católico con el
tradicionalismo esotérico, ni pensar que el primero deba ser, de
suyo, un hiper-güelfismo.
Otros
católicos, basados en la misma DSI, han hecho intentos de
cristianizar las corrientes políticas modernas, despojándolas de su
lastre ideológico, en algunos casos de modo más o menos modo
ortodoxo y en otros claramente heterodoxo respecto de la Fe.
Así,
el liberalismo católico heterodoxo de Lammenais, Le Sillon y, en
ciertos aspectos, de Maritain a diferencia del más ortodoxo de
Rosmini, Dupanloup u Ozanam; el “socialismo” católico heterodoxo
de las Teologías de la Liberación marxistas como las de Gutiérrez o
Boff contra al más ortodoxo de las Teologías de la Liberación no
marxistas, al estilo de López Trujillo o, quizás, del último
Methol Ferré; por fin el nacionalismo católico heterodoxo de Carl
Schmitt o León Degrelle frente al ortodoxo de Meinvielle, Genta o
Blas Piñar. No obstante, es importante recordar que la DSI
desaconseja el uso del término liberalismo, prohíbe el de
socialismo y es cauta respecto del nacionalismo.
Dije
al principio de este artículo que, además de ideologías y
doctrinas, existen también mentalidades. Podemos resumirlas en tres:
la integrista, que confunde lo político con lo religioso; la
sanamente conservadora, que distingue ambas realidades sin
separarlas; y la progresista que las separa, sea de modo amistoso u
hostil . No hay que identificar necesariamente “mentalidad
conservadora” (Kirk) con “doctrina conservadora”.
Por
otra parte, todo esto también se puede combinar. Así, la síntesis
de liberalismo y socialismo es la socialdemocracia
(Bernstein/Sociedad Fabiana); la de liberalismo y nacionalismo, el
nacionalismo democrático (Mazzini); la de socialismo y nacionalismo,
el fascismo (Gentile); la de tradicionalismo y liberalismo, el
conservadurismo doctrinario (Burke); y la de tradicionalismo y
socialismo, la Cuarta Teoría Política (Dugin). No son, por cierto,
los únicos ejemplos.
Por último, la combinacion de ideologías o
doctrinas con mentalidades explican la existencia de un liberalismo
conservador (Tocqueville) y otro progresista (Rousseau/
Enciclopedistas); de un socialismo conservador (Schmoller o Sombart)
y otro progresista (Marx, Gramsci, Escuela de Frankfurt); de un
nacionalismo integrista (Disandro), de uno conservador (Pidal y Mon)
y de otro progresista (Hernandez Arregui); como también de un
tradicionalismo integrista (los Nocedal) y otro conservador (Menéndez
y Pelayo entre los dinásticamente alfonsinos y Vázquez de Mella
entre los carlistas).
Pero
sin que el uso de los términos que explican tales ideologías,
doctrinas y mentalidades obligue a que debamos decantarnos sí o sí
por una de ellas.
Yo
me he inclinado, como ya expliqué en otras ocasiones, por un
nacionalismo católico y tradicionalista de mentalidad conservadora
(un nacionalismo que no identifique necesariamente la nación con el
estado y menos con el estado ideológicamente moderno; coherente con
la Doctrina Social de la Iglesia; enraizado en el pensamiento
tradicional, sobre todo hispánico; y dotado de una mentalidad que no
dogmatice lo opinable, no convierta en normas inmutables cuestiones
de naturaleza prudencial; y no confunda el error con las personas que
yerran, sino que procure transmitir la Verdad con Caridad). Su mejor
precedente fue, tal vez, Carlos A. Sacheri.
Pero esta misma
definición no está exenta de múltiples inconvenientes (lo mismo el
apoyo condicional que algunos damos a la llamada “Nueva Derecha
Conservadora”, incluso por el uso peligroso de términos como
“derecha” y “conservadurismo”).
Decía Castellani:
“El que no respeta mucho las palabras no respeta mucho las ideas. El que no respeta mucho las ideas, no ama enormemente la Verdad.Y el que no ama enormemente la Verdad, simplemente se queda sin ella. No hay peor castigo”.
Tal
vez esté llegando el momento en que los amantes de la Tradición
(que es el bien común acumulado en el tiempo) debamos abandonar o
reducir al mínimo estrictamente necesario el uso “positivo” de
expresiones surgidas al calor de la Modernidad (estado, soberanía,
democracia, capitalismo, derechos humanos, tradicionalismo,
contrarrevolución, nacionalismo, conservadorismo, etc.) como también
el de otras (derecha-izquierda, amigo-enemigo, tercera posición),
susceptibles de ser utilizadas en sentido dialéctico (Hegel) o como
categorías fundamentales de análisis político (Schmitt), en contra
de la concordia política (Aristóteles), requisito esencial para
alcanzar el bien común.
Bien
pensadas las cosas, sabemos que ni San Agustín era “agustinista”
ni Santo Tomás era “tomista”. El respeto por las palabras en el
sentido dicho por Castellani tampoco se condice con otros términos
vagos o anfibológicos “ad usum” como “abierto-cerrado”,
“preconciliar-postconciliar” o con el uso peyorativo y más
reciente del neologismo ítalo-hispánico “indietrista”. No: para
quienes defendemos “las ideas de la Tradición” nos alcanza, de
ordinario, con las categorías clásicas de la Fe y de la razón
natural: de la Fe, los artículos del Credo, los sacramentos, los
mandamientos, las virtudes sobrenaturales, etc.; y de la razón: los
primeros principios especulativos y prácticos, la analogía del ser,
las nociones fundamentales de la metafísica realista (acto de
ser-esencia, substancia-accidente, materia-forma, acto-potencia,
trascendentales del ser), los distintos niveles de certeza
(verdad-hipótesis-opinión-duda-error); y las virtudes naturales
(intelectuales y morales), entre otras.
No
para anclarnos sin más en términos y definiciones anteriores al
siglo XIV, sino para seguir también aquí el consejo
castellaniano:
“Hoy se habla con cierta petulancia de ‘integrar la filosofía moderna dentro de la filosofía cristiana’ (…) Esta frase así como suena es utópica: pasa por alto un hecho enorme, que es la ruptura de la tradición filosófica occidental en el siglo XVIII. No se puede integrar la filosofía moderna dentro de la filosofía cristiana, simplemente es imposible: otra cosa sería decir la asimilación de las ideas justas de los filósofos modernos en la filosofía tradicional, eso es posible”.
Mutatis
mutandi, no se puede integrar la filosofía política moderna dentro
de la filosofía política tradicional, aunque sí asimilar las ideas
justas de los filósofos políticos modernos en la filosofía
política tradicional. Y a su turno, hay quer evitar que ese Ideario
(no ideología, no adoctrinamiento, no mentalidad integrista) sea
adulterado por fundamentalistas y fanáticos:
“¿Qué es un fanático? – se preguntaba Castellani-. Un fanático es el que percibe los valores religiosos, pero no percibe los otros valores. Él dice que los valores religiosos son los superiores, y es verdad; pero los valores religiosos están en la cima de una escala de valores humanos; y si Ud. suprime todos los escalones intermedios de esa escala, el escalón superior se viene abajo; o lo que es peor, se queda en el aire, no se puede llegar a él, o si llega, se produce la monstruosidad de la ‘religión desencarnada’, que es la religión del fariseo”.
Castellani
era católico y ortodoxo, pero le repugnaba que la religión fuera
convertida en algo puramente exterior, ritualista, clerical, cuna de
fanáticos, de manipuladores de conciencias o de “policía
espiritual en torno a los intereses de las clases pudientes”.
Y del “derechismo católico” a eso, no hay más que un paso. Pues
cuidemos bien de no darlo.
Profesor Fernando Romero Moreno
Publicado en
ndargentina.com
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